El pasado 15 de abril fue el Día Mundial del Arte, una fecha que no solo es una celebración, sino que sirve como recordatorio de cómo el arte y su evolución nos han acompañado desde el comienzo de los tiempos. Algo similar ocurre con el vino, tan diverso y variado, pero que lleva siendo el mejor amigo del ser humano desde hace siglos. Tal vez incluso algunas de las mejores obras se crearon con una copa en la mano. Sin duda, si fuese hoy en día, sería con una copa de Protos, pero, con tanta variedad y particularidades, ¿qué vino habría triunfado en cada etapa del arte?
Nos trasladamos al siglo XV, donde el arte vivía su propia reinterpretación del refrán “tiempos pasados fueron mejores”. La cultura clásica volvía como aliada en la búsqueda de la armonía, la belleza y el equilibrio. No cuesta nada imaginar que, si el Aire de Protos, con su conjunto delicado, elegancia y frescura, hubiese estado presente, se habría convertido en el acompañante idóneo de las musas de los artistas. ¿La verdad? No nos habría sorprendido ver a la Venus de Botticelli surgiendo del mar con una copa de Aire de Protos en su mano.

Muy diferente es el arte barroco. La fragilidad se sustituye por enfoques más marcados, emotivos y fuertes, donde artistas como Caravaggio se atreven a jugar con las luces y sombras y afrontar los nuevos retos del arte. Un vino con carácter, que no tendría miedo a los cambios de la época, es el Protos Gran Reserva, que con su forma compleja y expresiva, y sus aromas ahumados y tostados, habría conquistado esta nueva era.

Luz, naturalidad, frescura, ligereza, sensaciones… ¿hablamos del impresionismo o del Protos Verdejo? Y es que, con elementos tan similares, bien parece que este vino fue creado para acompañar a Monet en su serie de cuadros Lirios de agua, con un Verdejo Cuvée como complemento para Los nenúfares.

Un movimiento tan rompedor y reconstructor de la realidad pide a gritos un vino con carácter. Donde el arte pasa a ser más atrevido y sugerente, convirtiéndose en la viva imagen de las sensaciones y la potencia, un Carroa sería el aliado perfecto de los artistas. Sin duda, Picasso y Las señoritas de Avignon habrían brindado con un Carroa al terminar el cuadro.

Para un movimiento tan llamativo y popular, que se atrevió a enfrentarse a su tiempo y cambiar la perspectiva de la sociedad, ¿qué mejor que un Protos 27? Un vino que, con su color brillante, su personalidad y expresión, es capaz de adelantarse a las expectativas. Tan cercano y visual, que perfectamente podría haber sido una de las obras de Andy Warhol.

Protos, como el arte, ha sabido evolucionar, adaptándose a cada momento, estilo y época sin perder su esencia. Y quién sabe… quizá alguien ya esté creando la próxima gran obra en su estudio con un Protos como compañía.