Agosto tiene dueño y son los pueblos

Agosto tiene dueño y son los pueblos

El verano es, para todos, el momento del año de desconectar, salir de la rutina, hacer las maletas y aprovechar para viajar y descubrir mundo. Pero agosto tiene un pacto no escrito con nuestros pueblos: es el mes en que se celebran sus fiestas y eso lo cambia todo.

Porque mientras muchos ansían el verano con ganas de perderse por los rincones más alejados del mapa, hay quienes solo están deseando que llegue agosto para volver al pueblo.

En un momento en el que la sociedad parece andar con prisa y donde los momentos son fugaces y la sobreestimulación rodea cada día, desde Protos os invitamos a pararnos y valorar lo que tenemos más cerca. En ocasiones, lo más sencillo es lo que más felices nos hace.

Vuelta al pueblo por vacaciones

La nostalgia de quedar a la noche a la ‘fresca’ con los amigos, del mus en el bar del pueblo o la comida popular de fiestas en la plaza. Es ese lugar donde, aunque no vuelvas en casi un año, nada ha cambiado. ¡Y qué bonita la sensación de que todo siga igual!

El pueblo es ese amigo que conoces desde pequeño y que te ha visto crecer. Es quien se alegró cuando te vio pedalear a dos ruedas en la bicicleta por primera vez, quien te dio ánimos al verte ponerte nervioso por el primer amor del pueblo de al lado y quien te guardaba el secreto de tu primer sorbo de vino, cortesía del abuelo.

Por reunirse de nuevo

En el pueblo, la tradición se hereda como se hereda el apodo de la familia o la receta de la abuela. Es el lugar donde te sientas en el bar a escuchar a los mayores contar, una vez más, la misma historia de siempre, y nadie se cansa de escucharla. Volver al pueblo es también eso, recoger el testigo, aunque sea solo por unos días al año.

Al final, donde mejor sabe el vino es en el pueblo. Así que, os animamos a reunir de nuevo a la familia y amigos, descorchar un Protos 27 y brindar por ellos, las tradiciones y, por siempre, poder volver al pueblo en verano.

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