El estreno de la segunda parte de la cuarta temporada de Los Bridgerton ya es una realidad. Y ha dado mucho de qué hablar: los líos amorosos de los protagonistas, bailes encadenados, paseos, tensión en simples miradas … Todos esos elementos consiguen que no podamos apartar la vista de la pantalla.
En ese ambiente, entre versiones clásicas de canciones pop y manos que se rozan en el momento justo, casi nadie aparece con las manos vacías. Y ahí surge una pregunta: ¿Qué vino beberían Daphne y Simon frente al cuadro en Clyvedon? ¿Qué botella descorcharía Anthony para su enlace con Kate Sharma, después de meses de tensión? ¿Con qué brindaría Eloise, a solas, tras descubrir que su inseparable Penelope era en realidad Lady Whistledown? ¿y Benedict? ¿Qué vino elegiría ahora que, en esta temporada, le toca a él decidir si brinda por su vida artística o por el papel que todos esperan que cumpla en la familia Bridgerton?
Tras la primera temporada nos quedó claro que Daphne es la debutante perfecta, “el diamante de la temporada”. Esperando toda su vida a que llegue su gran debut en el mercado matrimonial, es elegante y dulce, pero tras esa perfección inicial hay más de lo que se ve a simple vista.
Para una de esas noches de baile interminable, Daphne elegiría un blanco como Aire de Protos. Fresco, con buena acidez y un perfil aromático limpio, es un vino que acompaña sin pesar, pensado para largas conversaciones y para escaparse un segundo mentalmente a un paisaje tranquilo. Tiene la ligereza que la etiqueta exige… y el fondo suficiente para quien sabe mirar un poco más allá.

Anthony carga con el título, el apellido y las expectativas de toda la familia. Es el que saluda a todo el mundo, el que siempre debe estar a la altura, pero también el que vive con más intensidad la presión. No es un hombre de caprichos, sino de decisiones meditadas, aunque a veces se contradiga.
En el brindis de un baile nocturno, Anthony se inclinaría por un tinto con estructura como Protos 3er Año: fruta madura, taninos pulidos y notas de especias, sostenidas por un proceso de maduración pausado. Es un vino que necesita tiempo para encontrar su equilibrio y mostrar su mejor cara, igual que Anthony, que no se convierte en el vizconde que quiere ser de un día para otro, sino a base de capa, paciencia y algún que otro tropiezo.

Benedict es el hermano que más se permite experimentar, equivocarse, probar caminos que no estaban en el guion. Le gustan los bailes, sí, pero sobre todo las conversaciones en los márgenes: los artistas, los talleres, las fiestas menos regladas.
Para una velada más íntima, Benedict abriría algo como Protos 27. Es un tinto de detalle, pensado para quienes disfrutan de los matices: fruta precisa, crianza muy afinada y una estructura seria pero flexible. Nació como homenaje a los fundadores de la bodega, viticultores adelantados a su tiempo que en 1927 apostaron por un proyecto distinto en la Ribera del Duero. Como Benedict, fueron vanguardistas en su contexto y han ido evolucionando con los años sin perder el origen.

Colin es calidez, simpatía y cierto aire de escapada permanente. Siempre parece estar a punto de irse o de volver, con historias de viaje bajo el brazo y una facilidad notable para caer bien. Sus mejores momentos no son necesariamente los grandes bailes, sino las reuniones más relajadas, donde se mezcla familia, amigos.
En ese tipo de encuentros, Colin podría decantarse por Protos 9 meses (ecológico). Un tinto de fruta franca, con nervio y una crianza medida. Tiene algo de vino actual, atento al origen y al paisaje, que encaja bien con alguien que siempre está mirando un poco más allá de las puertas del hogar.

Eloise no se siente cómoda en las fiestas que solo sirven para exhibir pretendientes y vestidos. Prefiere los libros, las discusiones sobre política o sobre el papel de las mujeres. Donde otros ven el mejor momento del año, ella ve un sistema que no le termina de encajar.
Si tuviera que escoger un vino para soportar una noche de salón, Eloise probablemente elegiría un blanco con carácter, como Protos Sauvignon Blanc. Es directo, con acidez viva y notas herbales.

Francesca es mucho más reservada. Observa más de lo que habla, se refugia en la música y en espacios pequeños dentro de salones grandes.
En una cena más reducida, en la que se pueda escapar del ruido del gran baile, Francesca podría elegir un tinto como Carroa. Tinta del País de fruta nítida, textura precisa y una elegancia castellana contenida.

Violet, como madre de todos ellos, es la memoria y el sostén de la familia. Ha conocido el amor romántico, ha vivido el duelo y ahora se encarga de que cada uno de sus hijos encuentre algo parecido a lo que ella tuvo. Para ella, las fiestas son trabajo, alegría y también nostalgia.
En los momentos en los que, por fin, puede sentarse, Violet se serviría un Protos Gran Reserva. Un vino que habla de tiempo, de paciencia y de capas. No es el que se abre para cualquier ocasión, sino para aquellas en las que merece la pena recordar de dónde viene uno y todo lo que ha pasado por el camino.

Y resulta que el vino y la sociedad londinense del siglo XIX se parecen más de lo que nos imaginábamos. Hay caracteres muy marcados, hay evolución de matices y personalidades que se descubren con el tiempo, pero a diferencia de la alta sociedad de Londres, en el vino no hacen falta títulos para encontrar grandeza.
Así que ya tienes plan para este fin de semana, una copa de Protos acompañado de tus personajes favoritos y la excusa perfecta para esperar a que salga la quinta temporada ¿te animas?
¡Feliz viernes!