El 19 de febrero se celebró el Día Mundial de la Antropología, una jornada pensada para recordar que estudiar al ser humano es también estudiar qué comía y qué bebía. Desde esa mirada, analizar la historia del vino resulta casi inevitable: pocas bebidas han acompañado durante tanto tiempo nuestra forma de vivir.
En otras entradas del blog hemos recorrido su historia en las sociedades egipcias, española e, incluso, las troyanas. Pero esta vez, queremos ir más allá: ¿qué pasaba antes de que existieran las viñas ordenadas y las bodegas tal y como las conocemos?
En buena parte de África, donde se sitúan los orígenes de nuestra especie, no había todavía viñedos como los que luego se extenderían por Eurasia. Lo que sí había eran frutas diversas capaces de fermentar, raíces, mieles y otros recursos que permitían obtener líquidos ligeramente alcohólicos. La noticia antropológica de fondo es esa: las condiciones climatológicas permitían la fermentación de las frutas.
Más tarde, en distintos puntos del planeta, aparecen mezclas complejas (miel, frutas, cereales) que la arqueología identifica como algunas de las primeras bebidas fermentadas conocidas. No son vinos en sentido estricto, pero sí forman parte de los anales de su historia: la de una especie que descubre que puede guardar parte del paisaje en una vasija.
Desde los primeros humanos probando frutos fermentados hasta una botella de Protos hoy hay distancia, pero no tanta. Sigue siendo la misma especie intentando domesticar la fermentación y darle un lugar en su vida social.
Una bodega como Protos forma parte de ese tramo más reciente de la historia: el de un vino que se apoya en siglos de cultura en torno a la vid y, al mismo tiempo, incorpora conocimiento técnico y cuidado del viñedo. Cada botella recoge una parte de ese camino largo, desde los primeros fermentos hasta la copa que se sirve hoy en la mesa de nuestras casas.
El Día Mundial de la Antropología es, sencillamente, un recordatorio de que, lo que hoy consideramos cotidiano, esconde historias de migraciones, de inventos, de fiestas y de trabajo paciente sobre la tierra. Saber que Bodegas Protos también está construyendo una parte de la historia del vino de nuestro país, que se comentará dentro de unos siglos, es una gran satisfacción.
¡Feliz viernes!