
ELECCIÓN
El vino forma un binomio indisoluble con la gastronomía. Por eso
hemos de elegir bien el tipo de vino en función de lo que vamos
a degustar.
Un vino, complementa una comida, la realza…y viceversa.
Aparentemente puede resultar complicado escoger el compañero perfecto
para según que comida, pero siguiendo unas pequeñas pautas resulta
fácil y fascinante.
El maridaje, como se conoce a la técnica de combinar “la comida
y el vino” empieza por distinguir los distintos tipos de comida.
Así por ejemplo para carnes rojas y guisos lo propio es un vino
tinto, mientras que para crustáceos y pescados , lo ideal es regarlos
con un vino blanco. La edad del vino (escoger un joven, crianza,
reserva) lo determinará el tipo de plato, la forma de estar cocinado...
SU CONSERVACIÓN.
Un problema frecuente al que solemos enfrentarnos es cómo debemos
conservar un vino hasta su utilización.
Un vino tiene que estar aislado de la luz natural y de las vibraciones.
Tiene que estar a una temperatura relativamente baja y no estar expuesto
a cambios bruscos de temperatura. (la temperatura ideal para la conservación
de vinos tintos es entre los 14 y los 16 °C)
Es fundamental que el corcho permanezca húmedo en su parte interior,
por lo que es conveniente que la botella se almacene en posición
horizontal.
Conservar un vino tinto es siempre más delicado que conservar un
blanco o un rosado.
Existen unos pequeños armarios climatizados, concebidos para facilitar
la conservación del vino.
LA TEMPERATURA DE SERVICIO.
El vino debe tomarse a una temperatura recomendada. Sólo de esta
forma se podrán apreciar la multitud de aromas y sabores.
Los crianzas y reservas deberán servirse en torno a los 16-18 °C.
Los blancos y rosados, sin embargo deben tomarse más fríos, alrededor
de los 7 °C.
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